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CIUDAD, EDUCACIÓN Y VALORES PATRIMONIALES. LA CIUDAD EDUCADORA, UN ESPACIO PARA APRENDER A SER CIUDADANOS.

1. Introducción

La ciudad es hoy el núcleo fundamentar en donde se materializan las relaciones humanas; es por ello que nuestro ideal es una ciudad que sea para todos,  una ciudad participativa, una ciudad segura, una ciudad saludable, una ciudad productiva, una ciudad innovadora,  racional en sus movimientos y en sus accesos, una ciudad medioambiental,  una ciudad de la cultura y una ciudad educadora[1]. Aun cuando todos estos parámetros de la ciudad futura son importantes, es  nuestro deber hoy analizar la ciudad educadora a través de los valores patrimoniales, previa definición de los mismos y con el objetivo de intentar clasificar  cuantas actividades de carácter educativo se desarrollen en ella.

 

2. Hacia una definición del concepto de “patrimonio”

El vocablo “patrimonio” es polisémico, según el contexto en el que se expresa; no es igual intentar hablar de patrimonio en el campo  del derecho que en el de la museologia.  En todo caso, desde el punto de vista del tema que nos ocupa, aun a sabiendas que el patrimonio es siempre “un bien que se posee o hereda”, hay dos grandes tipos de patrimonio a definir: Patrimonio Natural y Patrimonio Cultural.

El Patrimonio Natural se define como “aquellos elementos y monumentos no hechos por intervención directa del hombre tales como formaciones geológicas, lugares y paisajes naturales, que tienen un valor relevante desde el punto de vista estético, científico y/o medioambiental. El patrimonio natural lo constituyen las reservas de la biosfera, los monumentos naturales, las reservas y parques nacionales, los santuarios de la naturaleza y los elementos muebles que por su significación, rareza o información científica se consideran únicos o relevantes.

El Patrimonio cultural está formado por los bienes hechos por mano humana que la historia ha legado y por aquellos que en el presente se crean y a los que la sociedad les otorga una especial importancia  arquitectónica, arqueológica, histórica, bibliográfica científica, simbólica o estética. Es la herencia recibida de los antepasados, y que viene a ser el testimonio de su existencia, de su visión de mundo, de sus formas de vida presentes y pasadas y de la manera de ser de uno o de diversos pueblos, y es también el legado que se deja a las generaciones futuras.

El patrimonio cultural se puede subdividir en subgrupos, según la naturaleza de los mismos (patrimonio arquitectónico monumental, patrimonio vernáculo, patrimonio arqueológico, patrimonio industrial y tecnológico, patrimonio histórico, patrimonio etnográfico, patrimonio bibliográfico y documental y patrimonio artístico, con todas sus variedades.

También puede dividirse en patrimonio cultural intangible y patrimonio cultural tangible.  Se entiende por Patrimonio Cultural  Intangible el que está constituido por aquella parte invisible o inmaterial que toda cultura desarrolla y que reside en el espíritu de la misma.

 Por lo tanto, su puede definir como el conjunto de  creencias, normas, saberes, valores, lenguas  y  expresiones orales, musicales o realizadas mediante danzas  que poseen los grupos humanos y que les diferencian de otros, otorgándoles una personalidad propia.

Por su parte, el Patrimonio Cultural  Tangible es la expresión de las culturas a través de sus realizaciones materiales. A su vez, el patrimonio tangible se puede clasificar en Mueble e Inmueble.

El Patrimonio Cultural Tangible Mueble  es aquel que por su naturaleza es fácilmente desplazable y comprende los objetos arqueológicos, históricos, artísticos, etnográficos, tecnológicos, religiosos y aquellos de origen artesanal o folklórico que constituyen colecciones importantes para las ciencias, la historia del arte y la conservación de la diversidad cultural de los pueblos. Entre ellos cabe mencionar los objetos artísticos,  libros, manuscritos, documentos, artefactos históricos, grabaciones, fotografías, películas y documentos audiovisuales.

El Patrimonio Cultural Tangible Inmueble es aquel que no puede ser trasladado fácilmente de un lugar a otro y está constituido por los lugares, sitios, edificaciones, obras de ingeniería, centros industriales, conjuntos arquitectónicos, zonas típicas y monumentos de interés o valor relevante desde el punto de vista arquitectónico, arqueológico, histórico, artístico o científico, reconocidos y registrados como tales.

 

 

3. Las ciudades son grandes conjuntos patrimoniales.

Hoy, las grandes ciudades del mundo, casi sin excepción, se identifican con  sus monumentos u obras de arte de valor universal; nos referimos al patrimonio cultural edificado y el que se almacena en algunos de sus museos. Tal como establece la Carta de Venecia[2], “cargadas de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de la unidad de los valores humanos, los considera como un patrimonio común, y de cara a las generaciones futuras, se reconoce solidariamente responsable de su salvaguarda. Debe transmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad”

 

Además de este patrimonio monumental edificado, también  hay en las ciudades otros tipos de patrimonio más intangible que no hay que olvidar,  como  determinadas fiestas o festivales, tradiciones u costumbres, formas originales de vida, ritmos y canciones y elementos simbólicos que constituyen auténticos monumentos inmateriales de la cultura humana; muchas ciudades se identifican con este patrimonio inmaterial. Y es que nosotros valoramos las cosas no sólo por su belleza o por el valor de los materiales, sino también  por su significado, por los conocimientos que nos aportan, por su exotismo y por la capacidad que tienen de emocionarnos.

 

Es por este motivo que  hay monumentos en donde es difícil determinar cual es su valor principal…Por todo ello, el concepto patrimonio urbano no solo se aplica a los monumentos materiales tangibles  sino  también a valores patrimoniales intangibles e inmateriales.

 

Estos valores están estrechamente vinculados con la historia de cada una de las ciudades. En realidad, “todos los conjuntos urbanos del mundo, al ser el resultado de un proceso gradual de desarrollo, más o menos espontáneo, o de un proyecto deliberado, son la expresión material de la diversidad de las sociedades a lo largo de la historia” Y estos conjuntos urbanos de carácter histórico, grandes o pequeños, comprenden todo tipo de poblaciones (ciudades, villas, pueblos, etc.) y, más concretamente, los cascos, centros, barrios, barriadas, arrabales, u otras zonas que posean dicho carácter, con su entorno natural o hecho por el hombre. Más allá de su utilidad como documentos históricos, los referidos núcleos son expresión de los valores de las civilizaciones urbanas tradicionales. Actualmente se hallan amenazados por la degradación, el deterioro y, a veces, por la destrucción provocada por una forma de desarrollo urbano surgida de la era industrial que afecta a todas las sociedades. Por lo tanto, también forman parte del patrimonio que la ciudad educadora debe tener presente.[3]

 

4. El patrimonio de las ciudades se identifica con conjuntos vernáculos y arquitecturas tradicionales.

El concepto de patrimonio que han de tener presente las ciudades educadoras no es solamente el patrimonio monumental; hay también el denominado patrimonio vernáculo o tradicional que, de acuerdo con lo que se acordó en la XII Asamblea Internacional de ICOMOS, celebrada en México en 1999,  ocupa un privilegiado lugar en el afecto de todos los pueblos. Aparece como un característico y atractivo resultado de la sociedad. Se muestra aparentemente irregular y sin embargo ordenado. Es utilitario y al mismo tiempo posee interés y belleza. Es un lugar de vida contemporánea y a su vez, una remembranza de la historia de la sociedad. Es tanto el trabajo del hombre como creación del tiempo. Es muy  importante que la ciudadanía aprenda a valorarlo para poderlo conservar  ya que constituye la referencia de la propia existencia de muchos pueblos.

 

Este Patrimonio Tradicional o Vernáculo construido “es la expresión fundamental de la identidad de una comunidad, de sus relaciones con el territorio y al mismo tiempo, la expresión de la diversidad cultural del mundo.” Tal como se establece en el preámbulo  de la carta de México,[4] “el Patrimonio Vernáculo  constituye el modo natural y tradicional en que las comunidades han producido su propio hábitat. Forma parte de un proceso continuo, que incluye cambios necesarios y una continua adaptación como respuesta a los requerimientos sociales y ambientales” Hoy,  cuando la continuidad de esa tradición se ve amenazada en todo el mundo por las fuerzas de la homogeneización cultural y arquitectónica, es necesario que nuestra ciudadanía sea consciente de la necesidad de conservarlo y divulgarlo. Precisamente, debido a esa homogeneización de la cultura y a la globalización socio-económica, las estructuras vernáculas son, en todo el mundo, extremadamente vulnerables y se enfrentan a serios problemas de obsolescencia, equilibrio interno e integración.

 

5. Hay también un patrimonio inmaterial

El articulo segundo la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO de 2003  establece asimismo que: “Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.”[5]

6. El patrimonio tiene valores múltiples

En realidad  el valor del patrimonio reside principalmente  en la capacidad de emocionar, de evocar, de recordar o de agradar. Y esta capacidad evocadora y emocional va frecuentemente unida a elementos  materiales, a sentimientos, a aportaciones de carácter científico, a factores como la antigüedad,  etc. Esta diversidad de valores va más allá del propio monumento u objeto e incluye su entorno, su contexto y todo lo que lo envuelve. Así, el espacio urbanizado, el patrimonio urbano, a diferencia del patrimonio fosilizado, arqueológico, es imposible de entender y valorar sin  la actividad económica y social que sobre el se desarrolla…

En resumen pues, el valor del patrimonio es decididamente  plural, pero sin duda alguna se relaciona con  la capacidad de emocionar. Y esta capacidad, en una buena parte del patrimonio urbano,  está estrechamente unida  a dos factores: a la existencia de un espacio urbano congruente que lo rodea  y a la existencia de una actividad económica y socia que también lo envuelva.

 

Finalmente el patrimonio urbano tiene una característica que le otorga un valor  fundamental: es un patrimonio colectivo, pertenece a todos, aun cuando cada edificio tenga  su propietario individualizable; como conjunto es un valor colectivo ya que es una categoría histórica heredada. Por ello, la puesta en valor  del patrimonio urbano no puede entenderse solo como el resultado de la acción restauradora de la piedra; solo adquiere valor cuando hay personas que viven allí, que lo aman y que, a su manera, lo comprenden.

 

7. El patrimonio urbano es un patrimonio vivo y cambiante

El valor del patrimonio de nuestras ciudades  reside pues en el hecho que se trata de un patrimonio vivo, cuya   función   ha variado a lo largo del tiempo; así podemos ver como el espacio publico dedicado a foro ha ido desapareciendo de nuestras urbes ya que  la prensa lo mató, de la misma forma que la televisión mató los espacios de tertulia y al café; hoy  la plaza publica ya no sirve para ir a buscar noticias ni para discutirlas… Todavía sirve para manifestarse, como si sólo sirviera para la catarsis de la noticia, pero no para su adquisición. Las plazas modernas sirven hoy como espacio de circulación o de trasbordo; como puntos  de encuentro. Igualmente ocurre con el patrimonio bélico o militar, cuya función ha variado a lo largo del tiempo. ¿Qué uso tienen hoy las fortificaciones en las ciudades modernas? Fueron espacios para la guerra y hoy lo son para el ocio. Ha ido cambiando su función y también su valor.

 

8. La conservación  frente a los impulsos  de destrucción

De la idea del valor del patrimonio surge la idea de la conservación de este  patrimonio; este principio no es un principio absoluto, sino un valor de la modernidad. No siempre en el pasado las cosas antiguas han merecido ser conservadas. La idea de conservación del patrimonio es relativamente reciente y convive con el impulso destructor. ¿Qué impulsa a muchas personas de hoy a atacar el patrimonio urbano?¿por qué somos tan propensos a destruir y ha hacer trizas nuestra propia historia? En esta Europa del siglo XXI hemos visto como gentes aparentemente  civilizadas, con teléfonos móviles y con ordenadores  violaban conscientemente la cultura bosnia, la servia o la croata. Destruían cementerios, bibliotecas, mezquitas e iglesias. ¿Por qué? ¿Fue el mismo impulso que destruyó el puente otomano de Mostar sobre el  Neretva? ¿Fue el mismo impulso que destruyó los budas de Bamiyán? ¿Fue el mismo impulso que destruyó tantas iglesias y monasterios en la convulsa Europa del siglo XIX y XX?¿Fue el mismo impulso que llevó a destruir conscientemente tantas ciudades durante las dos guerras mundiales? Destrucciones sistemáticas, organizadas y casi científicas de patrimonio urbano que conviven con los ataquen vandálicos, incontrolados por parte de bandas urbanas que se ensañan con las cabezas de los dioses muertos o dormidos de tantos monumentos de piedra. ¿Qué impulsa a las bandas juveniles a atacar el patrimonio en Roma, Paris, Madrid o Barcelona? Estas son enfermedades malignas de la ciudad educadora que avanzan como plagas de insectos, devorando a su paso lo que siglos de cultura y de vida construyó.

 

Frente a la barbarie, la ciudad educadora  debe oponer el valor de la ciudadanía, de la educación y de la tolerancia, ya que quien destruye es incapaz de  asumir  el don de la justicia y del respeto mutuo que Prometeo repartió entre todos los miembros de nuestra especie, con la orden de Zeus de que “quien fuere incapaz de asumir la parte que le toca de sentido de la justicia y de respeto mutuo hay que apartarlo de la Polis y considerarlo como un peligro terrible para la toda la ciudad

 

9. Reflexión sobre el valor educativo del Patrimonio

El patrimonio, bien sea histórico, cultural, artístico, inmaterial o de cualquier otra naturaleza, se nos presenta como un fragmento del pasado que forma parte de nuestro presente, ya que nuestra cotidianeidad está construida sobre millones de hechos y decisiones que ocurrieron en el pasado, es decir que otros decidieron por nosotros. Toda nuestra realidad (conocimientos, creencias, tradiciones, organizaciones, costumbres alimentarias, actividades económicas, tecnologías, artefactos, preferencias culturales, etc.) se configuraron hace decenas, centenares o miles de años y, prácticamente nadie lo tiene en cuenta. Y, sin embargo, la coerción que ejerce la historia sobre nuestro presente es determinante. El poder invisible del pasado lo decide casi todo en la vida. La historia es el verdadero poder del que ningún pueblo o grupo humano escapa y al que nadie cuestiona. Saber usar y aprender a conocer la historia es, en este sentido, un poder reaplicable a todas y cada una de las situaciones, - individuales y colectivas- de la vida cotidiana. Por ello es legítimo afirmar que no hay libertad sin independencia de la historia, y no hay independencia sin conocimiento. Por otra parte, si bien es cierto que nuestra historicidad es, en general, imperceptible; el patrimonio es la historicidad evidenciada. Son las formas del pasado que reconocemos explícitamente presentes, son pervivencias del pasado que identificamos como tales y a las cuales otorgamos valor. El patrimonio es la parte visible de la Historia.

 

El patrimonio, como historia presente identificada, es uno de los pocos puentes que nos une y nos liga con la herencia histórica y con los valores estéticos, artísticos, tecnológicos, históricos etc. que han tipificado nuestras sociedades. En este sentido el patrimonio es una de las claves que puede permitir conocer mejor las partes sumergidas del iceberg de nuestra cultura y ello evidentemente ayuda a conocer mejor la realidad de nuestras sociedades que, a fin de cuentas, y como hemos indicado, son un presente evanescente, caracterizado por una suma de herencias históricas.

 

El patrimonio es aquello que queda visible de las concepciones ideáticas y estéticas del pasado; por lo tanto, es prácticamente lo único directamente observable de la historia y, también, como historia identificada y observable, nos permite una aproximación científica al pasado. Aquí reside uno de sus principales valores en el campo de la educación. El patrimonio tiene pues un potencial instructivo y educativo alto ya que suministra conocimientos objetivables. La contemplación, valoración y estudio del patrimonio contribuye a aumentar los saberes de los ciudadanos, los conocimientos sobre su sociedad y sobre otras sociedades, y eso evidentemente es positivo en tanto en cuanto ayuda a la formación de una ciudadanía de calidad. Pero el patrimonio también es importante desde el punto de vista de la formación en valores[6].

 

La contemplación y disfrute del patrimonio a menudo nos sumerge en una atmósfera estética, emocional y vivencial que va más allá de la racionalidad científica. En ese sentido la inmersión en los valores estéticos del patrimonio es una experiencia importantísima e insustituible. La reflexión sobre actitudes, valores y normas, y la promoción del respeto y preservación del patrimonio son determinantes en la vertebración humanista de una sociedad civil.

 

10. Educar en la ciudad educadora: actividades con  mediación humana.

La Declaración de Barcelona reza en su preámbulo que La ciudad será educadora cuando reconozca, ejercite y desarrolle, además de sus funciones tradicionales (económica, social, política y de prestación de servicios) una función educadora, cuando asuma la intencionalidad y responsabilidad cuyo objetivo sea la formación, promoción y desarrollo de todos sus habitantes, empezando por los niños y los jóvenes.[7]

Para desarrollar una función educadora a través del patrimonio, es evidente que se requiere realizar esfuerzos formativos promoviendo actividades y situaciones que confluyan y redunden en beneficio del desarrollo de una ciudadanía de calidad. Estas actividades  pueden ser de naturaleza muy variada, como lo son los distintos colectivos a los que van destinados. No han de ser igual las acciones educativas que se realizan en el seno de un colectivo joven que las que se dirigen a un colectivo adulto o de la tercera edad. Por otra parte una actividad  contendrá elementos diferenciales según el lugar en el que se desarrolle; no es igual realizar actividades en plena calle que realizarlas en el interior de edificios.  Finalmente hay que diferenciar aquellas actividades educativas cuyo instrumento de mediación fuere humano (monitores y monitoras, educadores, guías, etc.) y aquellas que utilizan medios gráficos, mecánicos, electrónicos o informáticos.

Por todo ello, las actividades  promovidas por la ciudad educadora han de tener en cuenta que en su seno hay colectivos variados que deben ser tenidos en cuenta; la educación no es una tarea que se realiza exclusivamente durante un periodo de la vida que corresponde a la niñez y la juventud. La educación hay que ejercitarla toda la vida, adaptándola a cada etapa de la misma.  Por todo ello los responsables de las actividades educativas deben intentar diferenciarlas en función de este parámetro que es la edad.

Asi, por ejemplo, infantilizar las actividades dirigidas a adultos o a tercera edad es un error grave desde el punto de vista educativo y  ese error tiene su origen en la no diferenciación del horizonte destinatario.

Asimismo las actividades que promueva la ciudad educadora al entorno del patrimonio han de tener presente el lugar en el que se desarrollan. Realizar actividades en entornos cerrados cual son museos, interiores de edificios, y espacios protegidos de ruidos e interferencias permite unos recursos que no son fáciles de adoptar en los espacios abiertos tales como plazas, calles y parques urbanos o periurbanos. Estas diferencias son de tiempo y de intensidad. Es preciso tener presente estos parámetros en la clasificación que se establezca.

Finalmente, la ciudad educadora puede promover actividades cuya mediación sea humana o que no lo sea. Cuando la mediación es humana (hay servicios de guía o de monitoraje) la actividad ha de ceñirse a horarios determinados y se requiere acciones formativas de los equipos de guías así como una coordinación de los mismos. Sin embargo la ciudad puede educar mediante otros sistemas que no son los de guías. Existen sistemas que permiten transformar nuestras ciudades y barrios en auténticos museos al aire libre mediante la introducción de iconografía didáctica, paneles, módulos de intermediación que, integrados en el mobiliario urbano ejercen un papel educador altamente eficaz. Asimismo existen sistemas electrónicos que permiten al ciudadano entrar en contacto con el patrimonio en el momento que lo desee, utilizando servicios de telefonía móvil o similares que le permiten realizar itinerarios, desplazarse y conocer en grados de profundidad, según sus necesidades, diversos aquellos elementos urbanos que fueren de su interés. La ciudad educadora no debe ni puede prescindir de estos recursos que la tecnología del siglo le brinda, Hoy, cada día hay más ciudadanos y ciudadanas que acuden a la red de Internet para informarse y por lo tanto, es posible educar a través de la misma.

 

11. Las actividades también se clasifican según el grado de interacción

Toda actividad implican interacción entre el agente emisor y el receptor. El agente emisor, el que promueve la actividad, puede ser una persona, un módulo físico, un sistema electrónico  de base informática o simplemente un tríptico impreso.  En todo caso, el agente receptor puede comportarse de forma pasiva, como simple receptáculo de la misma o al contrario puede interactuar aportando elementos al emisor.  El grado de interacción de una actividad es un elemento  fundamental  y debe ser tenido en cuenta  en el momento que se intenta clasificar cuanto se esta haciendo.

El patrimonio puede ser  descodificado con grados diferentes de interacción. El primer grado es cuando se promueven y realizan  actividades en las cuales  se emite un mensaje y se   supone que alguien ha de recibirlo Este es el caso de un panel iconográfico o un guía frente a un monumento que explica sus características y funciones. Se trata de una actividad de baja interacción.

El segundo grado es cuando la actividad patrimonial parte de un dialogo o de una pregunta previa. Es decir cuando el módulo “interroga” al usuario, le crea un enigma, una pregunta o una cuestión que obliga a este a interactuar.  Se trata de implicar al visitante en el propio elemento patrimonial. Este es el caso de las actividades concebidas como interactivas y participativas, pero que han sido diseñadas por el personal de la propia entidad patrimonial.

El tercer grado  se produce cuando las actividades son el resultado de múltiples interacciones entre el personal de las instituciones patrimoniales y los ciudadanos. Normalmente son actividades que se originan con cuestionarios sobre lo que opinan los ciudadanos de algún monumento, sobre las principales preguntas que suelen plantear, sobre el tipo de problemas que apuntan en sus visitas y como resultado de este análisis, el centro patrimonial responde con propuestas nuevas, acordes con los planteamientos de los propios ciudadanos.

Naturalmente el grado de interacción puede darse en actividades con un formato de web, electrónico o simplemente con módulos en la calle. La interactividad, en todo caso, ha de ser siempre mental, ha de activar la mente y no puede resolverse únicamente mediante un simple ejercicio mecánico sobre un módulo al aire libre-

 

12. Actividades en función de los objetivos fundamentales de aprendizaje

 

Las actividades que se diseñen al entorno del patrimonio normalmente tienen objetivos diversos. En la mayoría de los casos el objetivo es de tipo informativo.  Se trata de acciones dirigidas a informar, dar a conocer, explicar, comunicar, o simplemente presentar algunos elementos patrimoniales. Lo que se pretende es que se sepa que los elementos patrimoniales objeto de atención existen, que los conozcan y, a ser posible, que lo hagan de una forma lúdica o recreativa. Estas actividades pueden ser del tipo visitas guiadas, visitas teatralizadas, paneles informativos, trípticos, una web pasiva, etc.

Las actividades  de tipo informativo son necesarias y útiles ya que refuerzan los conceptos que los ciudadanos tienen o adquieren sobre el patrimonio de su ciudad. Sin embargo, constituyen el novel más elemental y  primario desde este punto de vista

 

Actividades educativas de carácter ludico-recreativo, es decir, aquellas cuyos objetivos fundamentales son de tipo lúdico, sin pretensiones educativas importantes; intentan poner de moda un conjunto, un barrio, un elemento patrimonial cualquiera, ya sea al aire libre o en el interior de un edificio. No se trata de actividades carentes de sentido educativo, sino, simplemente que este objetivo no es el prioritario. Normalmente, cuando se hacen mediante intermediación humana, adoptan la forma de juegos tales como gincamas,  juegos de rol (LARP), reenagment,  teatro, etc. Cuando se desarrollan sin intermediación humana se transforman en espacios en donde se han materializado juegos al aure libre, o bien mediante webs de carácter lúdico con el fin de fidelizar a los públicos.

 

Actividades educativas de carácter procedimental o metodológico, que pretender mostrar los métodos de análisis del patrimonio; enseñan a desarrollar conocimientos de tipo procedimental y son frecuentes en patrimonio natural, con observatorios para flora y fauna, rutas geológicas, etc. Ni que decir tiene que pueden adoptar también un carácter lúdico o recreativo, pero su objetivo es metodológico. Se aprende siempre ha hacer  algo, bien sea propia del campo de las humanidades, de las artes, de las letra o de la educación ambiental.  Este tipo de actividades suelen ser siempre con altos contenidos interactivos  ya que de otra forma es muy difícil desarrollarlas.

 

Finalmente hay una gama de actividades educativas cuyos objetivos son claramente de carácter  ético y de educación para la ciudadanía. Pretender potenciar y desarrollar valores, formas de comportamiento y  formas distintas de ver la realidad. Estas actividades van desde la “adopción de un monumento por la escuela” hasta la recogida de latas y plásticos en el cauce de un río. Naturalmente pueden variar mucho de una a otras

 

13. Un producto cartesiano de las actividades educativas en el campo del patrimonio

Es evidente que las actividades educativas propuestas  por la ciudad educadora pueden ser infinitas y las formulas clasificatorias  pueden ser muy diversas.  La diversidad reside en el hecho que no siempre hay actividades “puras” y cualquier actividad puede combinarse con otras, dando como resultado un producto cartesiano muy complejo.

Si ensayamos una tabla clasificatoria que permita que cada una de las actividades se combine con todas las demás, es decir, un producto cartesiano,  el resultado seria una tabla, que eliminados los duplicados, ya que el orden de los factores en este caso no altera el producto, proporciona  66 tipos de actividades generados al entorno del patrimonio de la ciudad y que constituye un modelo clasificatorio que nos permitiría compararlas.

Naturalmente la comparación formal de actividades en ningún caso presupone  superioridad de una con respecto a las otras ya que el resultado de cada actividad esta influido por tantas variables independientes y subjetivas que desafían los modestos objetivos de esta ponencia.

 @Joan Santacana

 

 




[1]  Nueva Carta de Atenas 2003. La visión de las ciudades en el siglo XXI del Consejo Europeo de Urbanistas 

 

[2] Carta de Venecia  sobre la Conservación y restauración de monumentos de 1964,

[3] Carta Internacional para la Conservación de Poblaciones y Áreas Urbanas históricas, adoptada por ICOMOS en 1987

 

[4] Carta del Patrimonio Vernáculo Construido, ratificada por la 12 Asamblea General del ICOMOS celebrada en México del 17 al 24 de Octubre de 1999)

 

[5] Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Aprobada por la UNESCO, en París, 17 de octubre de 2003

 

[6] A diferencia de la instrucción que se mueve en la lógica científica de verdadero- falso, y que tiene como objetivo transmitir saberes, conocimientos y técnicas, la educación (en una concepción tradicional) se centra, principalmente, en la transmisión de valores. Los valores, evidentemente, son cambiantes y responden a la lógica de bueno-malo (bonito-feo, etc.) y dependen, en última instancia, de los sistemas ideáticos dominantes en una sociedad determinada y en un momento dado.

[7] Declaración de Barcelona. Carta de Ciudades Educadoras aprobada en el I Congreso Internacional celebrado en 1990 en Barcelona, revisada en 1994.